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Impresiones personales sobre "Y desperté en tierra de sueños" de Raquel Rodrein

  

"Y desperté en tierra de sueños", esta ha sido la última propuesta en el Club de Lectura antes del paréntesis navideño. No es el primero que se lee en el Club de esta autora, pero si el primero suyo para mi. 

 Esta es la cuarta novela de Raquel Rodrein, escritora malagueña apasionada por el cine, pasión que en esta novela es parte fundamental del marco narrativo; su primera edición es del año 2016. Más información sobre la autora en su página web:

http://www.raquelrodrein.com/index.html
 



    Viajar en el tiempo, de manera más o menos material, es una de esas quimeras universales que recurrentemente, en la literatura y en el cine, se han utilizado como recurso para enmendar el presente, entendido este como único y consecuencia directa de un hecho concreto del pasado. En “Y desperté en tierra de sueños”, Raquel Rodrein vuelve a utilizar la estrategia de retroceder al pasado para desde él modificar un presente que, al parecer, no es el que debiera haber ocurrido.

    Para exponer este planteamiento la autora construye una historia que narra un periodo de las vidas de dos personajes: un afamado director de cine y una desconocida abogada que, impulsados por causas desiguales, van desplazándose literalmente en la línea del tiempo con el fin de esclarecer incógnitas y misterios familiares, encontrándose, finalmente, con la tesitura de poder intervenir en ese pasado. La elaboradísima trama se desarrolla apoyada en estos dos personajes y está marcada básicamente por tres elementos: los viajes temporales de ambos, en distintas direcciones; el decorado en el que evolucionan, el Hollywood de finales de la década de los cuarenta y la relación que se establece entre los dos, también cambiante según el período histórico en el que convivan. La narración, que refleja el protagonismo de ambos personajes alternándolos como narradores en los distintos capítulos, va hábilmente enriqueciéndose con personajes secundarios que aportan fragmentos, en principio inconexos, de la historia completa; complicándose con las consecuencias de las acciones de ambos personajes, algunas premeditadas y otras sobrevenidas; haciéndose más compleja por la continuada aparición de fechas, nombres y lugares. A esto hay que añadir la desorientación provocada en el lector por los variados viajes en el tiempo, que ubican a los dos personajes en distintas fechas, datos cruciales para hacerse una composición del verdadero hilo cronológico de las historias de ambos y sus respectivas familias.
El tipo narrativo asimila los caracteres de la novela policíaca a los que se suma un elemento propio de la literatura de ciencia-ficción como es el viaje físico en el tiempo mediante un fenómeno natural o algún tipo de artilugio, en este caso sin concretar ni describir. Aparecen también en la historia, y como elementos de cierta influencia en la historia contada, la quiromancia y la videncia, que encajan mejor en las literaturas fantásticas o de temática paranormal, y que en este caso desacreditan en exceso la esencia de la trama, ya ligeramente tocada por las incertidumbres y sospechas que van generándose en la lectora originadas por las inevitables paradojas temporales características de los viajes físicos en el tiempo. La trama, casi sin fase de planteamiento, es viva y dinámica, aunque quizás, en algunos tramos o momentos de la narración adolezca de excesivos giros que pueden llevar a un ligero agobio o fatiga al lector. Va desarrollándose sin remansos, in crescendo hasta el desenlace que mantiene la misma tensión hasta una última parte en la que deja la historia en el mismo punto temporal donde la tomó al inicio de la novela, acertado juego de la autora con el lector. La escritura, convenientemente rica en las partes relatadas y natural en las partes dialogadas, es capaz de construir, de forma sencilla y eficaz los escenarios, como los interiores de la casa Serendipia; los objetos, como el vestido para la ceremonia de entrega de los Oscars; las acciones o sentimientos como el deseo por un beso o las sensaciones, como el sopor del cansancio y el sueño.

    Por todo lo anterior “Y desperté en tierra de sueños” es, en mi opinión, una novela muy entretenida y de animada lectura, que exige una atención detallada para poder seguir a los protagonistas en sus evoluciones, y que, por las numerosas incógnitas que va generando virtuosamente la autora según progresa el relato, producen en la lectora cierta inquietud o excitación por avanzar, incitando así a una lectura continuada para llegar cuanto antes a conocer el desenlace final.

    Lecturas muy dispares no pueden extraerse de esta novela, aunque si puede invitar a diversas reflexiones como por ejemplo la causalidad en la vida humana, la necesaria valoración del pasado para entender mejor el presente o, en mi opinión, una de las más atractivas: el concepto del Destino como negador del poder del ser humano para decidir su camino en la vida, como marca y guía única a la que el ser humano esta abocado. Podríamos decir que en esta novela se rebate este concepto o idea mediante la ficticia herramienta del viaje en el tiempo y concretamente al pasado. Porque, entendiendo el devenir humano como un desarrollo afecto de una gran dosis de caos y de causalidad, el hurgar en el pasado de seguro produciría efectos de imposible predicción e indeterminadas consecuencias. Lo que lleva a pensar que un mismo tipo de alteración o modificación del pasado puede dar múltiples y diversos futuros, es decir, múltiples y diversos itinerarios de vida, refutando así la unicidad del Destino. Pero como hasta el momento la única posibilidad real de viaje temporal es el que hacemos a la par de Él, sólo podemos contradecir al Destino controlando nuestro Presente mediante la Libertad personal, es decir, la capacidad íntima y autónoma de decidir si entramos o no a Serendipia.

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